- Tengo un problema, Juan. Me meo en la cama y no sé qué hacer.
- Debes ir a un urólogo.
- Se encuentran unos días después, ¿Qué? ¿Se arregló tú problema?
- Oye, ¿dónde me dijiste que fuera?
- Al urólogo.
- No me acordaba del nombre y fui al psicólogo, pero me ha ido muy bien.
- ¿Ya no te meas en la cama?
- Sí, pero me da igual.
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